Por Iñaki Gainzarain @igaztelu
Desde el año 2002 en adelante, las matemáticas han jugado un papel muy
importante en el análisis de consistencia de los informes numéricos. Su
alcance, en materia de estudio de patrones coherentes, varía desde la
revisión de estados financieros hasta resultados de elecciones.
Pero esta historia tiene un origen muy similar al descubrimiento de la
penicilina. Surgió de una observación no planificada. En este caso de
ver que le pasaba a las páginas de los libros de logaritmos, libros muy
usados en el siglo 19 y principios del siglo 20. El primer matemático
involucrado en el siglo 19,
Newcomb, encontró que había unas
páginas más usadas (manchadas) que otras, y entonces empezó a
investigar. A principios del siglo 20, este esfuerzo que había quedado
en el olvido, pasó a ser retomado por Benford.
El primer impacto "financiero" de la ley estadística que surgió de ese
proceso de observación y análisis, la Ley de Benford (1936), fue el uso
dado por un contador público en su tesis doctoral, que tomó la
iniciativa de analizar desde este prisma los resultados financieros de
una gran empresa:
Enrom. Esa tesis dio inicio a la investigación
de Enrom en profundidad. En ese momento cayeron 2 gigantes "privados":
Enrom, y su empresa auditora, Arthur Andersen, la primera empresa en su ramo en el mundo.